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George quiere ser mi sugar daddy

Y yo estoy sorprendida. Indignada. Intrigada.

Words by Raquel Fernández Sobrín

Artículo
24 de abril, 2021

La de ayer podría haber sido una mañana cualquiera. El pronóstico volvía a condenarnos a una jornada de lluvia aunque no caía ni una gota y el piar de los pájaros se mezclaba con el sonido de los coches. Iba por el segundo té y la mitad de la dosis de malas noticias que me permito cada día cuando di el paso que lo cambiaría todo: me metí en la carpeta de solicitudes de mensajes directos de Instagram. Entonces descubrí la existencia de un señor llamado George. Un señor que, de acuerdo a su bio, se dedica a la inmobiliaria y a especular con criptodivisa. Un señor que me ofrece cubrir una vacante para la que, hasta donde tengo entendido, no me he postulado: la de convertirme en su sugar baby.

Estoy sorprendida. Indignada. Intrigada. El concepto no es nuevo para mí y sé que por desfasado que me parezca (como otra moda de principios de los 2000 que vuelve), es una fórmula con la que convivimos. Lo sé porque durante mis primeros días en TikTok, esos que el algoritmo necesita para identificar tus filias y fobias, apareció más de un hombre enseñando su casa y su coche como prueba de que podían ser perfectos sugar daddies y más de una mujer enseñando su cuerpo y su sonrisa, afirmando que querían convertirse en sugar babies bajo el argumento de que tenían gustos caros. Claro que en tus primeros días en TikTok ves muchas cosas. Casi todas las consideras anómalas. Hasta que te das de bruces con una de ellas en tu bandeja de entrada.

 

Para salir de dudas, la red. Chequeo el significado “oficial” en Urban Dictionary porque no se puede confiar en el diccionario de la RAE ni en el de la Pompeu Fabra para asuntos tan importantes. “Un novio con beneficios financieros”. ¿Está pasando de verdad? Según Google News, sí. “La crisis empuja a más mujeres a convertirse en sugar babies para llegar a final de mes”. Así que en 2021 por sugar baby no se entiende solo esa joven universitaria que quiere pagarse la carrera y algún que otro bolso, sino mujeres de entre 20 y 40 años que necesitan pagar el alquiler. Y no, aunque Urban Dictionary no haga referencia al sexo, se da por sentado que cuando pagan por la compañía, pagan por toda la compañía que se les pueda ofrecer. Como si llamar a las cosas por otro nombre las convirtiese en algo nuevo. En este caso, en algo distinto a obtener consentimiento a cambio de dinero.

 

En mi estupor hice lo que las mujeres hemos hecho desde el principio de los tiempos. Me pregunté qué había visto George en mi perfil que le animase a lanzarme esa propuesta. Antes de darme tiempo a resolver mi propia duda caí en la cuenta de que estaba haciendo precisamente lo que las mujeres hemos hecho desde el principio de los tiempos, preguntarme qué parte de mi conducta justificaba el hecho de que un hombre invadiese mi espacio sin considerar la posibilidad de que podía violentarme. Disgustarme. Asquearme. Así que decidí que si él había tenido la audacia de mandarme ese mensaje, yo la tendría de contestarle con este link. Un saludo George. Espero que tu día tampoco sea uno cualquiera.

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