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¿Por qué me preocupa más Armie Hammer que la moda?

En la vida todo es cuestión de prioridades.

Words by Raquel Fernández Sobrín

Artículo
26 de enero, 2021

La novedad de hoy es una entrevista en la que Paige Lorenze da más detalles sobre la relación abusiva que mantuvo con Armie Hammer. Desde la filtración de los primeros mensajes del actor que pusieron sobre la palestra la cuestión del canibalismo a principios de enero, unas doscientas mujeres han contactado con esa primera voz para compartir sus historias de terror y otras dos, además de Lorenze, han hablado públicamente de las suyas. Desde entonces he leído 200 capturas de pantalla y decenas de noticias sobre el tema. El caso se ha convertido en parte natural del momento más sagrado de mis días: las dos horas que siguen al sonido del despertador. Hace un año esto no habría pasado. Qué narices: hace un año yo no habría pasado del primer titular ni me hubiera preocupado por Miss Cayman porque estaría ocupada con otras cosas, siendo esas otras cosas simple y llanamente la moda y sus semanas. En enero están la masculina, las presentaciones Pre-Fall y la alta costura. Hace un año París habría sido una fiesta. Hoy es un lugar sobre el que planea la sombra del confinamiento total y una palabra más en las reseñas sobre las colecciones presentadas en formato digital.

 

Cómo hemos cambiado. Cómo hemos cambiado todos menos la moda, porque la moda sigue con su calendario aunque el mundo lleve casi doce meses sin encontrar momento para ponerse todo lo que la industria lleva a las tiendas, sigue considerando suficiente su mínimo esfuerzo por ser más respetuosa con el medio ambiente, sigue tratando de una manera forzada la cuestión de la diversidad y no profundizando en los trapos sucios que se generan entre sus bambalinas (en el escándalo Alexander Wang, relatar los hechos no debería haber constituido el único papel de los medios especializados).

 

También está a punto de cumplirse el aniversario de la última vez que me compré algo que no me he puesto, un vestido rojo de Christopher Kane que representa todo lo que pudo ser y no fue. Aún tiene la etiqueta que acredita que es nuevo, pero tras todo este tiempo colgado en el armario me parece una foto antigua. En realidad, casi todo lo que habita entre las cuatro paredes de mi vestidor parece estar hecho para otro mundo y otra vida, porque en este mundo y esta vida lo normal es que mi novio descubra antes otra de mis manías domésticas que mi talento a la hora de vestirme para salir a cenar. Hace poco me preguntó que cuánta ropa tengo. Así, de sopetón. Esperaba obtener un número que no pude darle. No solo no tengo un inventario, sino que para mí siempre ha sido imposible no asociar las prendas con vivencias. No es una chaqueta, es “la chaqueta que llevé cuando…”. Pues bien: en ese momento me di cuenta de que la industria de la moda está de alguna forma escondida en mi armario, con mis prendas y vivencias del pasado esperando la llegada de un futuro en el que el presente no las coloque en el penúltimo puesto de la lista de cosas con importancia.

 

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