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Tan Cheugy

Un compendio de cosas que lo son y que no lo son. Que lo son y no lo deberían ser y que no lo son pero deberían serlo.

Words by Raquel Fernández Sobrín

Artículo
15 de mayo, 2021

Hay palabras que se interponen en tu camino. “Cheugy” se está interponiendo en el mío como las mujeres embarazadas después de un resultado positivo, las fotos de gatos en Instagram o como el humo del tabaco ajeno cuando quieres dejar de fumar. Me topé con “cheugy” por primera vez en el New York Times a finales de abril. Solo unos días más tarde, esa palabra que cuando se dice casi se mastica se repetía una y otra vez en TikTok. Sí, debería haber sido al revés. Sí, como ciudadana del mundo, me consuela haberme enterado de la existencia de “cheugy” primero en un periódico que en la red social del batiburrillo.

 

Como yo lo tuve fácil, te lo voy a poner fácil a ti también: “Cheugy” es algo pasado de moda. Algo rancio, trasnochado. Los pantalones pitillo, cualquier cosa en un vaso de Starbucks, las frases motivacionales siempre que esas frases motivacionales no rocen la idea de afirmación, porque manifestar (hoy) es el opuesto a “cheugy”. «Life is a beach», fuera. «No persigo, atraigo», dentro. En resumen: “cheugy” es todo aquello que fue propio de adolescentes y veinteañeras millennial y que sirve ahora a las centennials de la misma edad para hacer bromas al respecto. Lo gracioso es que la palabrita la acuñó una adolescente, Gaby Rasson, en 2013, cuando todo lo que ahora es “cheugy” no lo era. Se extendió a nivel local en su momento y resurgió en TikTok a finales de marzo para aterrizar en el “Para ti” de quién sabe cuántos de sus 689 millones de personas en todo el mundo.

 

Algunas de las jóvenes que han utilizado el término en esa red social (llegará a Instagram tarde o temprano, todo es cuestión de tiempo) se saben culpables de cheugynismo. No hay más que echar un vistazo a las tendencias de este verano para darse cuenta de que son tan cheugy como la misma idea de “tendencia”: en 2021, diez años después, vuelven a llevarse el estampado de hibiscos, el tejido de toalla, los recogidos con pinzas. La Generación Z está consumiendo esas tendencias a través de gigantes low cost – llámalo Shein, AliExpress o Amazon-, y no se me ocurre nada más cheugy que pensar que un vestido a 5 euros no tiene consecuencias. Bueno, sí, hay algo más cheugy.

 

Como todo lo que sucede en Internet, “cheugy” tiene su lado bueno y su lado malo. Es bueno cuando sirve para reírse de uno mismo, malo cuando se utiliza para humillar a los demás. Juzgar a la gente por lo que come, se pone o le gusta ver escrito en su taza de desayuno es bastante cheugy. A estas alturas de la película, cuando hemos asumido que somos libres de hacer lo que queramos -siempre que lo que queramos no haga menos libres a los demás-, que nada nos define y que vamos a volver a llevar pantalones de tiro bajo, sorprende que la generación que portó esas ideas sea la misma que castiga a sus mayores por sus filias estéticas. El rechazo a lo anterior es la manera más evidente de evolución, pero… ¿no parece que a veces caminamos hacia atrás?

 

Puede que los malos hábitos no pasen de moda. Puede que estén condenados a repetirse, como las informaciones sesgadas cada vez que hay una escalada de violencia en el conflicto Israel-Palestina, los líderes de broma fácil o las políticas de extremos. Porque eso, no hay más que hacer un repaso rápido a la historia, sí que se nos está pegando más que un chicle a la suela del zapato. Tan cheugy.

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