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Tarsilinha do Amaral
"El dicho 'Las mujeres que se portan bien no hacen historia' fue cierto hasta la médula en su caso"

Interview by Raquel Fernández Sobrín

Abaporu painting

Una mujer brasileña de la época no hacía esas cosas. Trasladarse a París para aprender a pintar y rodearse del ambiente de vanguardias, divorciarse, volver a viajar y volverse a divorciar. Inspirar el Manifiesto Antropofágico (1928) que firmó Oswald de Andrade (su segundo marido), por el que Brasil debía liberarse de la influencia colonialista europea y crear su propia cultura a partir de temas primitivos del país sudamericano. Claro que no todas las mujeres brasileñas coetáneas de Tarsila do Amaral (Capivarí, 1886 – São Paulo, 1973) cambiaron para siempre el panorama artístico de su país ni tienen un cráter de 108,52 kilómetros en Mercurio con su nombre. ¿No es el de la pionera del modernismo en Brasil un nombre perfecto para una depresión causada por un meteorito en el planeta más cercano al sol? Lo que sí tiene en común con otras mujeres de su tiempo (también con las que llegaron antes y después) es que el moverse en un mundo de hombres no ayudó a que se dotase a su figura de la relevancia que merecía. Las cosas están cambiando y tiene a una gran aliada en la batalla: su sobrina nieta, que también lleva su nombre, aunque la llaman Tarsilinha.

 



¿Cómo ha acabado gestionando la obra de Tarsila?


Mi padre Guilherme, que es abogado, era su asesor legal y dirigía sus negocios. Cuando murió mi tía Tarsila pasó a ser representante legal de los derechos de copyright de su obra. Yo también soy licenciada en derecho, y hace unos veinte años empecé a tener más y más responsabilidad hasta ahora, que me encargo de todo.

 

Tarsila do Amaral artwork

¿Cuál es su primer recuerdo de su tía abuela?


Tengo en la cabeza imágenes muy vivas de su apartamento, de estar rodeada de las pinturas más peculiares y extraordinarias, desde luego poco convencionales, que rozaban lo excéntrico o bizarro. De pequeña tuve una oportunidad única de explorar un mundo que tuvo un profundo impacto en mi imaginación durante mis años formativos. Creo que mi tía se dio cuenta de ello y le hizo tratarme de manera especial. Era cariñosa y atenta con todo el mundo, pero me parece que disfrutaba especialmente de esa conexión conmigo. No puedo señalar un recuerdo concreto, pero puede que el primer cuadro del que hablásemos fuese The Street (1929), me contó que estaba inspirado en sus sueños. Tenía mucho interés en los arquetipos junguianos y en Freud y su teoría de la interpretación de los sueños y su obra de entonces parece corroborar esa influencia. También es fácil de entender por qué ese mundo de los sueños fue capaz de cautivar la mente de una niña.


¿Y el último?


Cuando estaba en el hospital, pocos días antes de fallecer, le pidió a su enfermera Annette que me diera el anillo de diamantes que llevaba siempre. Todavía lo tengo, es el medio de conexión espiritual con Tarsila y la posesión material más significativa que tengo.

 


¿Fue The Street (1929) la primera pintura de Tarsila que recuerda haber visto?


Recuerdo haber hablado de The Street con ella cuando era muy joven, pero la verdad es que es casi imposible que diga cuál fue la primera que vi. Había cuadros increíbles como Abaporu (1928), colgado en su salón; y Operários (1933), que estaba en el pasillo que llevaba a su habitación. Era buena y generosa, siempre regalaba cuadros a la familia. Mi tío Sergio tuvo The Lake (1928), en su comedor además de otras de mis obras favoritas de la etapa antropofágica. Mi abuela Liloca y mi tía Helena tuvieron The Farm y Pont Neuf (1923). Mi padre también tuvo varios, incluyendo uno de su hija Beatrice que murió cuando solo tenía 14 años.


¿Qué impresión tuvieron en usted esos cuadros y cómo ha cambiado a lo largo de los años?


Siempre me ha encantado su obra, pero la he mirado desde distintos puntos de vista en distintas etapas de mi vida. He ido aprendiendo más de arte en general y de arte moderno en particular, sobre todo después de convertirme en autora e investigadora a partir de mis 30 años. El cambio requirió que dejase a un lado la pasión y el entusiasmo en favor de un acercamiento más analítico. Fue entonces cuando comencé a tener una visión global del significado e impacto que tuvo el intelecto de Tarsila en la escena artística brasileña de su tiempo, que solo repetía lo que hacían los artistas europeos y no reflejaba en absoluto el alma de Brasil. En una carta a sus padres que escribió en 1923 aseguró querer ser la pintora de su país y acabó siéndolo, creando el movimiento Antropofágico con su marido Oswald de Andrade, que defendía «la ingesta y digestión» de los preceptos artísticos europeos para transformarlos en una forma de arte brasileña única. El impacto de su legado en todas las artes a partir de la creación del Manifiesto Antropofágico y la obra Abaporu (1928) se pueden sentir incluso hoy. Su popularidad no parece ir a dejar de crecer a nivel nacional e internacional y estoy orgullosa de servir como catalizador de esa tendencia.

 

Fue consciente de la importancia que tuvo su figura en la escena artística brasileña, pero también sabía que por norma general los artistas solo obtienen verdadero reconocimiento tras su muerte

 


Fue una adelantada a su tiempo. ¿Cómo afectó a la relación con su familia?


Tarsila pertenecía a una familia muy tradicional, una familia «quatrocentona» que se remonta al siglo XVI. Muchos de sus familiares eran conservadores y no aceptaron sus modos, que consideraban oscuros e inmorales. Hoy si un marido engaña a su mujer -cosa que le pasó a Tarsila- esta tiene motivos fundados para pedir el divorcio. En el Brasil de los años 20 tenía que soportar la situación sin quejarse o arriesgarse a acabar convertida en una marginada social. Ese fue el caso de mi tía. Se casó tres veces y tuvo muchas aventuras, todo un escándalo para la sociedad provinciana de la época. El dicho «Las mujeres que se portan bien no hacen historia» fue verdadero hasta la médula en su caso.


¿Cómo de presente estuvo la figura de Tarsila en su familia?


Es un tema interesante. Como fue desterrada de los círculos conservadores familiares, la relación con su hermano Milton (mi abuelo) fue muy importante en su vida. El abuelo Milton y la abuela Liloca la invitaban a comer y después del repas mi abuelo y ella pasaban horas hablando en su despacho, estudiando mitología griega y las formas más complicadas de gramática portuguesa. También era muy buena pianista, se sentaba ante el Steinway interpretando a Brahms y Chopin incluso cuando su salud ya había empezado a deteriorarse. Mi padre y mi madre eran sus favoritos, creo. Él se encargaba de las formalidades y ella la llevaba a todas partes hasta cuando estaba en silla de ruedas. También se llevaba bien con el resto de nuestro lado de la familia, mis tías Helena y Thais.

 


¿Qué partes de su vida personal cree que propiciaron su despertar político?


A principio de los 30, Tarsila tuvo un idilio con un doctor que era simpatizante comunista. En 1931 viajaron justos a la Unión Soviética, donde se celebraron exposiciones de su trabajo. Cuando volvieron a Brasil en 1932 después de recorrer el país se implicó en una revuelta contra la dictadura brasileña y acabó pasando un mes en prisión. La pobreza y la situación del pueblo ruso la impactaron mucho, puede verse en su cuadro Operários de 1933. El resto de su carrera lo enfocó a asuntos sociales y políticos.

 


¿Considera que recibió el reconocimiento que merecía?


Aunque no fue poco, no puede compararse con el que está recibiendo últimamente, con exposiciones en solitario en los MoMa de Chicago y Nueva York en 2018 y la del MASP de Sao Paulo en 2019, que atrajo más visitantes que la de Monet que se celebraba también por entonces (más de 400.000). En vida vendió varios cuadros a museos importantes y recibió premios y homenajes, pero ahora mismo es considerada la pintora más importante de Brasil. Eso se refleja perfectamente en el valor de sus obras, que superan el millón de reais. Hace poco su cuadro A Lua (1928) fue comprado por el MoMa por una suma increíble y está en la misma sala que pinturas de Léger y Picasso. Se la idealiza como icono poco a poco hasta a nivel internacional, algo con lo que creo que ni soñaba a semejante escala.

 


¿Era consciente de la importancia de su papel en la escena cultural brasileña?


Sí, pero también sabía que por norma general los artistas solo consiguen verdadero reconocimiento tras su muerte. Sé que era así porque cuando le regalaba cuadros a mi padre le decía que los guardase porque valdrían más en el futuro. Eso sí: no era vanidosa ni presumía de superioridad intelectual. Era generosa y considerada como artista y como persona.


¿Qué crees que hace tan relevante hoy el trabajo de Tarsila?


Es la pintora de Brasil, reflejó en sus cuadros los paisajes, la fauna y la flora y al pueblo brasileño. Pero en mi opinión, su contribución más significativa ha sido favorecer el desarrollo del arte latinoamericano, y en extender la mirada del modernismo para influir en otros artistas latinos a la hora de crear un modo personal de expresarse.

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