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Un largo camino

Words by Raquel Fernández Sobrín

Artículo
5 de septiembre, 2020

A pesar de lo difícil que se presenta el mes de septiembre, en lo relativo a la industria de la moda ha comenzado con cierto margen para el optimismo. Es pronto para saber si las semanas de la moda que se avecinan serán tan descafeinadas como se plantean, pero es posible afirmar que revistas y firmas se han esforzado por saldar su deuda con la diversidad racial. El movimiento ha llegado incluso a España, famosa por hacer oídos sordos a este problema, aunque es de justicia mencionar que la única portada no compartida es la de la modelo británica de origen marroquí Nora Attal en S Moda. Tras meses de protestas civiles algunas voces lo encuentran oportunista, pero tal y como se ha mencionado al principio, estamos aquí para celebrar el lado positivo. Claro que eso no significa dejar de reconocer que queda camino por recorrer ni que el trayecto que nos ha llevado a este punto haya sido todavía más largo. Largo, doloroso y lleno de historias de terror que en nombre del progreso conviene no olvidar.

Pat Cleveland figura en la lista de modelos que abrieron las puertas con Donyale Luna, Naomi Sims o Marsha Hunt; y su autobiografía Walking With the Muses recoge numerosos incidentes que ayudan a comprender las dimensiones del problema al que muchos se empeñan a quitar importancia. Entre ellos, la vez que tuvo que salir corriendo de un diner en Louisiana perseguida por decenas de hombres armados. Corría el año 1966 y Cleveland formaba parte del Ebony Fashion Tour, un desfile itinerante organizado por la revista Ebony que constituía la única oportunidad para las mujeres afroamericanas de clase media de acercarse a la alta moda y para los diseñadores negros de darse a conocer en todo Estados Unidos. Cabe destacar que por aquel entonces el Acta de Derechos Civiles de Lyndon Johnson tenía ya dos años, pero los grandes cambios se producen despacio, y en algunos puntos del sur del país la segregación racial todavía se aplicaba con normalidad.

El Fashion Tour, celebrado desde 1958, era una especie de gira musical: modelos y vestidoras viajaban en un autobús destartalado del que se subían y bajaban pasajeros (Cleveland, que por ser menor viajaba con su madre, invitó también a su pareja Muhammad Ali ese año) durante la ruta. En una de esas paradas se produjo el conflicto que empezó con un letrero en el baño que rezaba “Solo blancos” y acabó con una huida accidentada.

– Tu amiga negra tiene que ir al baño exterior. No queremos gente de color ensuciando nuestros lavabos.

Este sitio es un baño exterior, pensé, Y es el más sucio que he visto.

 

Mientras el tono de la conversación iba subiendo en el baño, se hizo evidente que en el comedor las cosas no iban mejor:

Miré a mi alrededor y vi a una de las modelos corriendo hacia el bus. […] Llegamos al bus y aporreamos la puerta. Mamá abrió la puerta y corrimos a nuestro sitio. ‘¿Qué pasa?’ preguntó. Pero antes de que nadie pudiera contestar, las otras modelos estaban golpeando la puerta para que las dejáramos entrar. Abrí lo más rápido que pude, entraron y nos dijeron: ‘¡No nos servían! Nos dijeron que teníamos que irnos’. […] Ben (el conductor) estaba a punto de bajarse a comprobar que el maletero estaba bien cerrado cuando vio a varios hombres del diner acercarse hacia nosotros. Tres de ellos llevaban rifles. Cambió de opinión, se sentó ante el volante y cerró las puertas. Encendió el motor, pero no arrancaba. ‘Señoras, creo que acabamos de encontrarnos con un pack del Ku Klux Klan y tengo un mal presentimiento. Manténgase sentadas y aguanten’.

El motor se tomó su tiempo. El suficiente para que la cantidad de hombres se fuese multiplicando y comenzasen a zarandear el autobús: “¡Es una buena captura de negros!”.

 

El siguiente sonido fue el más dulce que había escuchado en mucho tiempo: el de un motor acelerando. Dejé salir el aliento que no sabía que estaba aguantando. Cuando avanzábamos no pude resistir echar un ojo por la ventana. En la distancia que ganábamos rápidamente, vi una cara odiosa y distorsionada gritando algo que, por suerte, ya no podía oír.

Cleveland, por cierto, protagoniza una de las cien portadas de septiembre de Vogue Italia. Podría haber sido la única.

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